Dentro del útero, el bebé no entra en contacto con virus y bacterias. Por lo tanto, su organismo se desconoce estos agentes. Sin embargo, cuando viene al mundo, abandonando el refugio uterino, se encuentra a merced de estos micro-organismos. Es por eso que problemas como la otitis, dolor de garganta y otros cuadros infecciosos pueden afectar a los niños con bastante frecuencia. Pensando en ello, en esta ocasión te presentamos las enfermedades más comunes durante la infancia:

ALERGIAS

Las de origen alimentario son normalmente causadas por alguna proteína, conservante o colorante, causando dolor abdominal, prurito, erupciones en la piel e, incluso, dificultad para respirar. La leche de vaca, clara de huevo, soja, trigo y pescado encabezan la lista de los ingredientes causantes de estos episodios. La alergia, en general, es bastante común en la infancia y puede presentar sangre en las heces como síntoma adicional. El tratamiento consiste en eliminar de la dieta el alimento. En la fase de lactancia, puede ser necesario eliminar el elemento de la alimentación materna, ya que puede pasar al bebé a través de la leche.

Cuando se trata de alergia respiratoria, puede manifestarse como rinitis, que se caracteriza por secreción nasal, estornudos y congestión nasal, como en forma de asma, cuando afecta a los bronquios, causando dificultad para respirar, sibilancias en el pecho y tos, entre otras complicaciones. Los agentes promotores de la crisis varían de un niño a otro, pero, entre los principales están los ácaros presentes en la ropa y mantas, el polen de las flores, el polvo y los pelos de animales. La estrategia de prevención también consiste en mantener al niño alejado del animal. Por eso, deja el ambiente siempre limpio y fresco, evitando peluches y otros objetos que puedan acumular polvo en la habitación de tu hijo. Un especialista orientar el tratamiento con los medicamentos, ya sean para los momentos de crisis, sean para uso continuo. Las picaduras de insectos también tienen el potencial de desencadenar la alergia, picazón y enrojecimiento, que pueden durar hasta diez días. Además, el pediatra puede prescribir un tratamiento con antihistamínicos.

INFECCIÓN EN EL OÍDO

La llamada otitis media surge cuando hay acumulación de secreción en el canal auditivo, debido a los resfriados y la gripe, o de la propia leche, que puede conducir al dar el pecho al bebé en posición horizontal, haciendo el ambiente propicio para la proliferación de bacterias. En general, el problema se manifiesta por lo menos una vez hasta los 5 años y puede requerir tratamiento con antibióticos. En el caso de los bebés, es fundamental estar atento a señales como el llanto intenso y fiebre. Existe aún un marco más lento, la otitis externa, que generalmente se produce por exceso de humedad. Secar bien los oídos con una toalla, después del contacto con el agua, es la mejor forma de disminuir su ocurrencia.

INFECCIÓN EN LA GARGANTA

Falta de apetito y fiebre alta, en general, caracterizan a las infecciones de la faringe y las amígdalas, causadas por virus o bacterias. El tipo viral se produce con mayor frecuencia hasta los 2 años y es común que haya tres episodios por año – el contagio se da por contacto con saliva infectada y otras secreciones. El dolor molesta por tres días y el tratamiento se realiza con analgésicos y antitérmicos, teniendo como objetivo el alivio de los síntomas hasta que la enfermedad pase por sí misma. Ya que las bacterias desencadenan un cuadro intenso, se requiere el uso de antibióticos. Pero atención: es preciso seguir al pie de la letra la duración, los intervalos y las dosis del medicamento, en caso contrario, los micro-organismos pueden volverse resistentes.

VARICELA

El tratamiento de la varicela consiste en el alivio de los síntomas con analgésicos y antitérmicos. Es prevenible con la vacuna tetra viral, aplicada en dosis única, a los 15 meses de vida. Cada problema tiene sus particularidades, pero los síntomas como la fiebre, postración, manchas en el cuerpo, tos, secreción nasal y la falta de apetito deben ser informados cuanto antes al pediatra. Si hay contagio, se debe limitar el contacto con otros niños para prevenir la transmisión. En este caso, ofrece a tu hijo bastante agua, hortalizas y frutas para aumentar su resistencia. El descanso también es esencial. Otro aviso es que la madre puede transmitir rubéola al bebé en el primer trimestre de gestación. Por eso, las mujeres que desean quedarse embarazadas deben hacerse exámenes para detectar si son inmunes al problema. Si no, deben tomar la vacuna.